Hay momentos de transparencia.
Hay una puerta estrecha y alta, un tilo y una vereda muy oscura. Hay un banco de una escuela que no es la mía. Hay una rambla, una puerta baja y una vereda de baldosas rotas.
Hay una madrugada de octubre. Hay una esquina mágica, vulgar.
Hay una hora de la tarde en el bar, cuando la oscuridad empieza a ganar las calles y las almas. Hay una hora de la madrugada en verano, cuando la noche se detiene y entre los dos queda solamente su silencio transparente.
Entonces parece que va a decir algo. Parece que la luna y el perfume y la mañana. Parece que vamos a decir algo. Parece que el ave y la ternura y la semana.
Nunca lo decimos, o lo decimos infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero parece imposible, o indecible, o impensable.
Nunca. Y piensa y miro y sonríe y entristezco. Y pienso y calla y escucho y ensombrece. E insistimos y esperamos y nos levantamos y recomenzamos.
Infinitamente.
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viernes, 21 de noviembre de 2008
lunes, 25 de agosto de 2008
La luz que nos desnuda y nos asiste
No lo creíamos posible. No lo queríamos posible.
Lo deséabamos, pero apenas como idea, como mero fantasma: la solipsista proyección de nuestra soledad. ¿Acaso tenía su rostro una forma, sus ojos un color?
Pero ahora es idea y materia, real por sí mismo. Y está frente a nosotros. ¿Qué haremos con este príncipe azul de pantalón corto y medias a rayas, con esta princesa que ronca?
Serenamente hila, devana, crea lazos (y el color del trigo). Y nosotros: gratitud y espanto. Porque nos da y nos pide tanto todo el tiempo. Porque entrega y exige. Porque contesta y pregunta. Porque abriga y desnuda.
No podríamos cortar el tenue lazo, ni quisiéramos. No nos atrevemos a estrecharlo, ni sabríamos.
Es inútil negarnos o desconocernos. Simplemente seguiremos contemplando (desde adentro) la trama del tapiz que tranquilamente teje, indiferente ante nuestra preocupación por el desvergonzado derroche de rosas y de guitarras...
Lo deséabamos, pero apenas como idea, como mero fantasma: la solipsista proyección de nuestra soledad. ¿Acaso tenía su rostro una forma, sus ojos un color?
Pero ahora es idea y materia, real por sí mismo. Y está frente a nosotros. ¿Qué haremos con este príncipe azul de pantalón corto y medias a rayas, con esta princesa que ronca?
Serenamente hila, devana, crea lazos (y el color del trigo). Y nosotros: gratitud y espanto. Porque nos da y nos pide tanto todo el tiempo. Porque entrega y exige. Porque contesta y pregunta. Porque abriga y desnuda.
No podríamos cortar el tenue lazo, ni quisiéramos. No nos atrevemos a estrecharlo, ni sabríamos.
Es inútil negarnos o desconocernos. Simplemente seguiremos contemplando (desde adentro) la trama del tapiz que tranquilamente teje, indiferente ante nuestra preocupación por el desvergonzado derroche de rosas y de guitarras...
jueves, 3 de julio de 2008
No te conoce el toro ni la higuera
Pero yo te conozco, o te conocí. ¿Por qué no alcanza con eso?
Aunque, en cierto modo, alcanza.
Aunque, en cierto modo, alcanza.
jueves, 19 de junio de 2008
Todo el insomnio y todo el día
Toda la soledad. Todo el secreto.
Todo el silencio y la agonía.
Toda esa inútil rebeldía
(aquel mar turbulento y ahora quieto).
Un nombre que fue cielo y es arena.
Todo el cansancio acumulado.
Y todo indistintamente iluminado
por el sol vago, por esa luna ajena.
Todo el silencio y la agonía.
Toda esa inútil rebeldía
(aquel mar turbulento y ahora quieto).
Un nombre que fue cielo y es arena.
Todo el cansancio acumulado.
Y todo indistintamente iluminado
por el sol vago, por esa luna ajena.
viernes, 23 de mayo de 2008
Volver en bondi es la que queda
Volver: eso quisieras. Pero no se desandan los pasos que hemos dado. Hoy, cuando llegues a casa, entrarás y no entrarás (entraré y no entraré) a la casa que dejaste.
¿Cansancio? Mucho más que las leguas recorridas, las leguas que nos esperan cansan. Porque es cierto: hemos logrado multiplicar en ellas aquellos símbolos desgarradores (esa rosa, esa guitarra).
Caminar, fatigar. ¿Tendrá sentido este derroche? ¿Estará mal pagar sosiego con olvido?
Pero podemos perdonarnos el fracaso, no la indiferencia o la cobardía. Tendremos que seguir. Mientras nos quede algo de razón, algo de locura...
¿Cansancio? Mucho más que las leguas recorridas, las leguas que nos esperan cansan. Porque es cierto: hemos logrado multiplicar en ellas aquellos símbolos desgarradores (esa rosa, esa guitarra).
Caminar, fatigar. ¿Tendrá sentido este derroche? ¿Estará mal pagar sosiego con olvido?
Pero podemos perdonarnos el fracaso, no la indiferencia o la cobardía. Tendremos que seguir. Mientras nos quede algo de razón, algo de locura...
lunes, 5 de mayo de 2008
Te puede matar una guitarra
¿Qué no podrán hacerte entonces un recuerdo, un verso, una mirada?
Sangre, no jugo de tomate: no es gratis el privilegio de ser más que piedra, más que gusano.
Pero aún así: ¡no caigas en la tentación de metamorfosear en cucaracha!
Sangre, no jugo de tomate: no es gratis el privilegio de ser más que piedra, más que gusano.
Pero aún así: ¡no caigas en la tentación de metamorfosear en cucaracha!
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